jueves, 7 de junio de 2012

ARTÍCULO: Investigación, Documentación y Difusión en el museo.


INVESTIGACIÓN, DOCUMENTACIÓN Y DIFUSIÓN EN EL MUSEO
por Ramón Ferreres
El presente artículo forma parte del proyecto final realizado para el curso de Museología de la Universidad de Alcalá de Henares.
La fuente de información principal son los materiales didácticos facilitados por la Universidad para el seguimiento del curso.

            Investigación, documentación y difusión son tres de las funciones básicas del museo. Las otras funciones corresponden al acopio y la conservación. Todas las funciones del museo están interrelacionadas, ya que desde Rivière el museo se concibe como un sistema de funciones, que se relacionan entre sí. Esta interrelación es imprescindible, no solo para el correcto funcionamiento del museo, sino también para que el museo cumpla la finalidad que tiene encomendada en la actualidad: establecer una relación entre fondos y público, los dos referentes clave. Este objetivo es imposible de alcanzar con la concepción de Rivière en el que el museo es un sistema autónomo de funciones, en que cada es un objetivo en sí misma. Ahora, se precisa, como defiende Caballero Zoreda, que sea esa finalidad la que pase a determinar las funciones, ordenándolas y relacionándolas.

            No todas las funciones han tenido el mismo peso que en la actualidad. La función de investigación en su origen, en el siglo XVIII, no se diferenciaba de lo que es la documentación y la catalogación y es que por aquel entonces, la investigación era empirista y se basaba en la organización taxonómica de la realidad. Luego, para Rivière, la investigación era la tradicional científica, y orientada a unos visitantes del museo que eran expertos en la materia. Por tanto era la función más importante y la que determinaba  todas las demás. Determinaba tanto a la documentación, como a la difusión. Esta fue la tendencia predominante hasta la aparición de la Nueva Museología. Como hemos visto, durante más de dos siglos, la investigación era el objetivo y la función predominante en el museo. Con la Nueva Museología cambia el papel de la investigación dentro de las funciones del museo, transformándola y haciendo aparecer una nueva correlación de fuerzas. Este cambio responde a la nueva finalidad del museo: una función social en la que los visitantes adquieren la misma importancia que las piezas. Ahora todas las funciones irán en pos de este nuevo objetivo social comunitario. Ahora la investigación, si bien sigue ocupando un papel destacado, queda condicionada por las necesidades comunicativas necesarias para cumplir con su nueva finalidad, y se pone al servicio de la difusión, debiendo suministrar contenidos de forma diferente. Los objetivos de investigación están marcados en el Plan Museológico y, dentro de éste, en el Programa de Investigación. Como objetivos principales tiene la contextualización y catalogación de los fondos y elaborar la información para la difusión. La investigación se lleva a cabo a diferentes niveles: análisis y clasificación de objetos, contextualizar culturalmente el significado de los objetos para interpretarlos históricamente, etc. Como vemos sigue llevando a cabo funciones de carácter científico, pero teniendo en cuenta la difusión para el gran público. Por tanto, la investigación debe conseguir un discurso claro para el gran público, que es el que tiene que visitar el museo. Lógicamente la actual función de investigación en el museo difiere de la que puedan tener otros centros cuya única misión es esa, tales como Institutos de Investigación, Universidades, etc. El museo, aunque se lo propusiera, no puede competir con estos centros que se dedican exclusivamente a la investigación, ni tampoco debe hacerlo porque no es su cometido. Incluso hay posturas, radicales y minoritarias, que rechazan que el museo deba investigar. La importancia de la investigación es la misma que la del resto de funciones del museo, pero al servicio de la difusión. Esto no quiere decir que el museo no investigue, que lo sigue haciendo, pero su investigación no recae sobre la ciencia pura, más bien ciencia aplicada, ciencia aplicada al museo. Esta investigación es diferente de la tradicional científica cuando los visitantes del museo eran expertos en la materia. El departamento de investigación es el que posee la información y ha de reordenarla de acuerdo con los objetivos divulgativos del museo. El departamento de investigación obtiene y ordena la información científica y es la política de difusión la que orienta la selección. Por tanto, ha de trabajar en estrecha colaboración con el departamento de difusión.
La función de difusión también ha sufrido una evolución histórica, dejando de ser un simple montaje caracterizado por su sobriedad. Con Rivière, la difusión se basaba en dirigirse al público con estructuras comunicativas científicas. Esta tarea era llevada a cabo por el conservador científico polifacético. Con este perfil profesional, la difusión que requiere el museo en la actualidad hubiera sido imposible, ya que la nueva finalidad comunicativa demanda un nuevo perfil profesional que se requiere para llevar a cabo esta función. El departamento de difusión debe tener en cuenta las características del público, investigando sobre él. Debe determinar sus intereses, sus motivaciones, ser consciente de sus conocimientos previos en la materia y de los procedimientos de descodificación de la información. Una vez hecho esto, aplicarlo al discurso expositivo, las exposiciones, que deben ser lo más comprensibles posible.  Esto se consigue estructurándolas, seleccionando los contenidos que son más adecuados, los lenguajes y recursos a emplear, así como empleando todas las técnicas museográficas que se requieran para conseguir los objetivos deseados. Para ello no se requiere un museólogo científico polifacético, sino con conocimientos de las diferentes técnicas museográficas a aplicar.
La función de documentación ha estado presente desde siempre. Rivière ya hizo referencia a que el museo también es un centro de documentación. La documentación debe servir a la investigación y a la difusión. No hay que contemplarla solamente a nivel administrativo, sino en su papel de herramienta imprescindible para la investigación, la difusión y el resto de las funciones del museo. No nos extenderemos más, ya que trataremos esta cuestión en la pregunta referente al sistema DOMUS.

            La complementariedad e interrelación necesaria entre investigación, documentación y difusión. para que cumpla su función social, requiere de un modelo de gestión horizontal diferente al predominante durante muchos años, que era de carácter vertical. El Organigrama Horizontal se caracteriza porque las diferentes áreas y departamentos del museo se relacionan horizontalmente, esto es, consensuando entre ellas la finalidad, los objetivos y los medios. Este modelo es diametralmente opuesto al Organigrama Vertical, que ha sido el predominante hasta hace bien poco en nuestro país, y en el que los diferentes departamentos se relacionan verticalmente con la dirección. Por tanto, en este modelo, los departamentos no participan de los procesos, objetivos y finalidad del museo, es la dirección la que lo hace. En este sistema es imposible alcanzar la complementariedad e interrelación entre funciones que reclamábamos al principio.
Incluso es difícil alcanzar esta complementariedad funcional con el modelo Horizontal, ya que éste tiene muchas formas de llevarse a cabo, como veremos a continuación, al analizar este modelo en nuestro país

En España, este funcionamiento horizontal del museo queda establecido por el reglamento de Museos de Titularidad Estatal y del Sistema Español de Museos (Reglamento 620/1978). En él, se establecen 3 áreas funcionales básicas: la de administración, la de difusión y la de colecciones (que agrupa documentación, conservación e investigación). Como vemos la documentación y la investigación comparten área, mientras que la difusión queda encuadrada en un área a parte.
Dentro de esta estructura horizontal, el funcionamiento es por programas con una estructura funcional, es decir, que establecen competencias que suelen corresponderse con la estructura del museo, con las funciones de cada departamento. Cada departamento lo redactará de acuerdo con los otros y bajo supervisión de la dirección. Esta división funcional en cierta manera dificulta a veces la complementariedad entre las funciones, al tener las competencias demasiado delimitadas. Este hecho se debe a que los programas que hemos mencionado no potencian la comunicación entre departamentos, como sucede en países anglosajones.
Otro problema más concreto, es que el área de colecciones está totalmente sobredimensionada respecto a la difusión, ya que colecciones agrupa 3 departamentos. Si tenemos en cuenta que la difusión es una función bastante nueva y que, por tanto, necesita una especial atención, se hace difícil de entender este “abandono”. También hemos de tener en cuenta que la investigación y la difusión deben trabajar más que nunca en complementariedad, ya que de la relación entre elllas al mismo nivel depende la función primordial: la relación al mismo nivel de publico y piezas. Algunos autores proponen soluciones. Una de las posibles sería que difusión e investigación debieran estar integrados en el mismo área (cosa que se nos antoja un poco complicada). Otra posible solución sería que el departamento de difusión se dividirse en más departamentos (y así se igualase al área de colecciones tiene 3). Una muestra del gran peso que tiene el departamento de colecciones es que este sigue encargándose en la actualidad del montaje de exposiciones, y no el de difusión que es que debe hacerlo, en muchos museos.
Si tomamos como solución que el departamento de difusión se subdivida en diferentes departamentos englobados dentro de un mismo área, conseguiremos que el primer gran referente, el público, englobado en el área de colecciones; y el público, el otro referente, encuadrado en el área de difusión, tengan al mismo peso. Esta ampliación departamental del área de difusión se reflejaría en la aparición de nuevos departamentos. Tendría que haber un departamento de exposiciones que se encargara de programación y gestión de exposiciones permanentes y temporales (hay que recordar que colecciones también participa pero la iniciativa corresponde al de difusión) para cumplir con el acercamiento de las piezas al publico. Un departamento correspondiente a otras actividades y servicios que ofrezca el museo. Un departamento de comunicación que lleve a cabo un programa de público y accesibilidad. Por último, uno estrictamente de comunicación.
Y no solo los departamentos han cambiado, también las áreas lo han hecho. Desde finales de los 90, ya no es tan claro lo de que a cada función le corresponde un espacio concreto. Por el contrario, cada vez más en un mismo área podemos observar como se desarrollan diferentes funciones.

            A pesar de todo lo expuesto respecto a la organización y el organigrama requeridos en el museo no hay que olvidar nunca que todos los departamentos participan, en mayor o menor medida, en todos los procesos (por ejemplo, en la organización de exposiciones). Lo que sucede es que unos tienen la responsabilidad o la iniciativa en unas materias y otros en otras, pero en mayor o menor medida, todos conservan, todos investigan y todos documentan.
Todos investigan, no solo el departamento de investigación. El departamento de difusión investigará sobre el público – sus intereses y características – y sobre la manera más adecuada de estructurar las exposiciones para llegar a ellos. Investigará sobre los fondos, pero con objetivos diferentes de los que puedan tener el resto de departamentos, centrándose en como usarlos de la mejor manera posible para que hagan servicio a la comunicación expositiva. El departamento de documentación también investigara sobre los fondos para crear y diseñar estrategias que mejoren tanto el almacenamiento como el acceso a la información. Por tanto, la investigación sobre los fondos que realiza en departamento de investigación debe centrarse en aspectos no tratados por otros departamentos, como por ejemplo la catalogación de los fondos, indagando así para establecer nuevas relaciones.
En el mismo sentido, los departamentos de investigación también llevarán a cabo tareas de documentación y de difusión; y los departamentos de documentación investigarán - como acabamos de ver- y participarán en tareas de difusión.

Esta participación de diferentes departamentos en los mismos procesos hará que en muchas ocasiones deban trabajar conjuntamente. Y es que hay que recordar que las funciones sólo se completan cuando entran en relación con otras, ya que, como hemos comentado al principio, la finalidad es la que ordena las funciones.
El departamento de investigación y de documentación habrán de trabajar en estrecha colaboración en lo referente al sistema de documentación del museo. Desarrollarán conjuntamente las herramientas para recuperar la información dentro de las bases de datos. El departamento de documentación es el encargado del ingreso, mientras que el de investigación es el encargado de su posterior asociación y catalogación al ser el que interpreta y establece relaciones dentro de diferentes niveles significativos: contextos, culturas, funciones, tipos, técnicas, etc. Este conocimiento tendrá que trasmitirlo al departamento de Documentación.
Esta interacción entre ambos departamentos va beneficio de todos los departamentos del museo ya que cuando la información científica sea volcada en el sistema de documentación, podrán acceder a ella todos los departamentos del museo. En este sentido es el departamento de Documentación el que pondrá en relación a los distintos departamentos y funciones del museo. Veremos más claros estos aspectos en la pregunta referente al sistema DOMUS.
Otro ejemplo de trabajo en equipo, que en este caso implicaría tanto a los departamentos de investigación y difusión, como el de documentación, es, por ejemplo, la elaboración de los soportes de comunicación y explicativos de una exposición, ya sea permanente o temporal. La primera aproximación al significado de las piezas se realizará gracias al sistema de documentación que les permitirá aproximarse al significado de los objetos. El departamento de investigación dará orientaciones sobre la selección de las piezas y elaborará el contenido científico de la exposición. El departamento de difusión será el que finalmente dará forma definitiva a la exposición, “traduciendo” el discurso del departamento de investigación a un lenguaje accesible para el gran público y que tenga en cuenta los objetivos de la exposición.

            La interrelación y complementariedad entre estas 3 funciones – investigación, documentación y difusión - adquiere un sentido total en relación con las otras dos funciones del museo, acopio y conservación, del siguiente modo. La conservación del Patrimonio Histórico ha sido y sigue siendo la razón de ser de los museos. No obstante, la pieza en el museo ha sufrido la descontextualización respecto de su entorno original. Por tanto, el acopio y la conservación encuentran su justificación en el hecho de que el museo sea capaz de documentar, investigar y divulgar estos significados originales del objeto que han quedado descontextualizados, para que así sirvan como referente a futuras generaciones. Se convertirá entonces cada pieza, en un documento de valor incalculable al ser un documento contextualizado, reflejo de nuestra historia y un medio de comunicación efectivo.
Investigación, documentación y difusión están directamente relacionadas con la función de conservación. La función de investigación en tanto que investiga el significado que tiene el objeto y también al ofrecer información para su conservación. La de difusión ayudará a la conservación, al intervenir en el diseño más correcto de los soportes expositivos. La de documentación también tendrá un papel básico como herramienta que favorecerá la correcta conservación al controlar los movimientos de los fondos del museo.

            Antes de acabar la exposición me gustaría hablar de la investigación en el museo como servicio externo en el museo. Se corresponde con  aquellas tareas de investigación que llevan a cabo los investigadores externos para sus fines, tales como tesis doctorales o proyectos de investigación, que obviamente tengan como fuente de estudio fondos del museo.
Me gustaría defenderlas, ya que el museo no solo ha de estar abierto al gran público, sino también a este tipo de público y es que el museo debe servir, en mi opinión, también a la comunidad científica. En este sentido, vemos como aún esta presente la investigación entendida como lo era años atrás y dirigida a un público muy restringido. Esto no es malo, siempre que no interfiera con la función más general del museo.

ARTÍCULO: Estudios de público y la evolución del concepto de museo.


ESTUDIOS DE PÚBLICO Y EVOLUCIÓN DEL CONCEPTO DE MUSEO
por Ramón Ferreres
El presente artículo forma parte del proyecto final realizado para el curso de Museología de la Universidad de Alcalá de Henares.
La fuente de información principal son los materiales didácticos facilitados por la Universidad para el seguimiento del curso.

Los estudios de público no hacen su aparición hasta hace muy poco, en un estadio muy reciente en la evolución conceptual del museo. Si repasamos la evolución de éste, entenderemos porque aparecen en una etapa tan tardía. No podemos pensar que el museo ha existido siempre tal y como lo conocemos actualmente. Su finalidad y objetivos han ido cambiando conforme ha evolucionado la sociedad. Como tantas otras instituciones culturales, sociales y educativas ha ido adaptándose a los cambios históricos y sociales. Es por este hecho, que los cambios en su finalidad, actividades y funciones nos permiten conocer los diferentes estadios evolutivos por los que ha pasado en museo como institución.

Hasta que los museos no superaron su finalidad científica, en la década de los 70, de la mano de la Nueva Museología, los estudios de publico no tenían demasiado sentido ya que el museo aún está demasiado centrado en la investigación. La difusión y su acceso abierto a la mayoría de la sociedad aún no existían. Esto no significa que los museos no cumplieran, ya por aquel entonces, una finalidad social. Si que lo hacen al acopiar, conservar y investigar nuestro patrimonio, pero no tienen en cuenta otros factores como comunicar el sentido de las colecciones, para hacerlos accesibles al gran público. El acceso público siempre ha existido.  Lo que ha cambiado, como explicaremos detalladamente a continuación, es tanto el perfil y características de ese público, como la abundancia de ese público. Estos dos factores determinarán, como veremos, desde las formas y estrategias comunicativas hasta la evolución de los sistemas y los lenguajes expositivos, cambiando así la tradicional relación entre piezas y público.

Podemos definir los estudios de público como procesos que nos permiten obtener información sobre los visitantes de los museos con la finalidad de aumentar la eficacia de la comunicación que queremos establecer con nuestros visitantes, y por ende, su grado de satisfacción. Solo así podremos saber si los museos cumplen con su finalidad social. Existen 2 clases de estudios de público: los Análisis de Público y las Evaluaciones de las exposiciones. Los primeros definen nuestro público potencial y nos ayudan a conocer sus características y necesidades, lo que nos permite llevar a cabo, entre otras cosas, exposiciones accesibles intelectualmente para todo tipo de público. Las evaluaciones, por su lado, se centran en valorar la comprensión y eficacia del discurso expositivo empleado.

Ambos, como vemos, son complementarios ya que las evaluaciones nos permitirán reconocer si se han satisfecho, a diferentes niveles, las expectativas del visitante, lo que llevará a hacer de nuevo análisis de público, para mejorar las deficiencias observadas en las evaluaciones.

Repasemos ahora detalladamente los diferentes estadios por los que ha pasado el museo como institución, y su distinta relación con el público, en cada uno de ellos.
Fueron más de dos siglos en los que la conexión con el museo del público, iba dirigida a un sector muy pequeño de la sociedad. Durante una primera etapa, conocida como museo de actividades (1713-1951), el museo, a pesar de proclamar su acceso público, no deja de ser un reducto de eruditos y especialistas, a pesar de que con el paso del tiempo y con la proliferación de los estados liberales se observa una lenta y gradual apertura al público y una voluntad de educar al conjunto de la población. Una explicación a esta coyuntura, tanto la lentitud del proceso de apertura al público como su poco éxito alcanzado en este sentido, es que el museo es considerado eminentemente un centro de investigación. Es la investigación el eje en torno al que giran todas las funciones del museo. Tampoco se observa una ruptura a esta tendencia, en una segunda etapa, 1951-1971, en la que el museo, de la mano de Rivière, pasa a ser concebido como un sistema autónomo de funciones en el que a pesar de que las diferentes funciones están íntimamente ligadas, la investigación científica sigue siendo la función básica, y las piezas exhibidas en el museo, las únicas protagonistas. Para el primer Rivière, la investigación es la base. De este modo, si se resiente, lo harán el resto de funciones del museo, ya que es la que las articula.

Como comentábamos al principio, no es hasta la década de los 70 que se abre una puerta, suficientemente amplia, para acoger al conjunto de la sociedad en el museo. Es a partir de entonces, que tanto las piezas como el público se redefinen en el lugar que habían ocupado históricamente. Las primeras dejan de verse como un ente estrictamente material para convertirse en comunicadoras de la realidad. Y el público, en un sentido similar, pasa a ser un agente activo de un museo que deja de ser un sistema autónomo, vertebrado a partir de la investigación, para convertirse en una institución al servicio del desarrollo social. Es ahora cuando el público se sitúa al mismo nivel que las piezas expuestas. La finalidad del museo pasa ahora a ser social, al servicio de ésta y de su desarrollo. El mismo Rivière fue consciente de ello, como reflejan sus últimas definiciones de la institución museal.
Esta apertura del museo al gran público requiere conocer a éste. Sus características, necesidades y opiniones. Una de las mejores formas de conseguirlo es a través de los estudios de público. A partir de ahora será el público, el que pasará a determinar las actividades del museo, permitiéndole alcanzar así su nueva finalidad social. El museo deja de ser un sistema autónomo de funciones en que éstas son, en sí mismas, un objetivo. Ahora la finalidad social determina cada una de las funciones.

Podríamos llegar incluso a decir que, en cierta manera, los estudios de público fueron los causantes de la muerte del modelo de museo científico autónomo en el sentido que mostraron que la nueva concepción de museo, caracterizado fundamentalmente por el nuevo papel de la difusión dentro del museo, debía considerar los intereses y conocimientos previos del público y para ello se requería la aplicación de diferentes disciplinas – psicología, semiótica, ciencias del texto, teoría de la comunicación – que el conservador científico polifacético del modelo de Rivière es incapaz de llevar a cabo. Los estudios de público ponen en evidencia, en este sentido,  los límites del modelo.
No solo se desarrollaron y fueron necesarias las nuevas disciplinas que acabamos de mencionar. La apertura del los museos al público también supuso que se desarrollaran otras disciplinas, tales como la iluminación, la conservación preventiva, nuevas medidas de seguridad, la accesibilidad a diferentes niveles, etc.
No obstante, hay que reconocer la labor de Rivière y su concepción museológica, ya que es el primero que propuso coordinar las funciones en un sistema. No obstante, la evolución “natural” de la disciplina, hizo cambiar la finalidad - de científica a social- y esto supuso la aparición de funciones como la difusión, en una interrelación diferente. La investigación era la base y ahora mas bien lo es la difusión. Como ya hemos apuntado, el peso de las diferentes funciones también ha ido cambiando con el paso del tiempo. Ahora la investigación ya no es la única función importante. De hecho, las funciones nos permiten también conocer la evolución histórica del museo. Las funciones que observamos en el museo en la actualidad se han ido incorporando paralelamente a sus cambios en la finalidad y a su adaptación a la nueva coyuntura. Las primeras funciones eran el acopio y la conservación. Luego investigación y documentación, y por último la difusión. Desde la Ilustración ya estaban todas, pero en proporción diferente a la actual y con diferente importancia.
Como hemos visto, el museo es el reflejo de la época en la que vivimos. Por ejemplo,  durante el siglo XVIII reflejaba la tendencia al empirismo propia de la época de la Ilustración. Durante el siglo XIX sucede lo mismo y es reflejo del liberalismo imperante en tanto que el museo es un centro simbólico representativo de este nuevo modelo de estado, que aboga por dar a conocer los avances científicos para la educación de la población.  En la actualidad esta relación de espejo, si es que podemos llamarla así, sigue presente. Ahora el museo obviamente ya no es un reflejo de la del liberalismo del XIX sino el reflejo de una sociedad cada vez más competitiva, en la que priman la consecución de los objetivos y la rentabilidad. Una rentabilidad que no hemos de entender tanto a nivel económico –que también existe-, como a nivel social.

La evolución del concepto de museo en los 80, consecuencia de la irrupción de los estudios de público, demostrará como el modelo de museo científico estatal tradicional está en crisis. Los análisis de público podrán en evidencia la incapacidad de este modelo de museo para comunicar de forma atractiva para el gran público, el significado de nuestro Patrimonio Histórico. Demostrará también como el museo es incapaz de hacerse un lugar como alternativa de ocio de carácter cultural. Esto supone un fracaso social. Este hecho afecta al perfil requerido por los profesionales de los museos. Hasta los años 80, se requería un profesional con una formación de carácter polifacético y condicionado por su formación científica, que aborda el resto de funciones en la misma linea que Rivière, es decir, subordinándolas a la investigación. Actualmente esta formación científica ha perdido importancia. Se necesitan especialistas en determinados campos museográficos y con una base generalista en museología.
En un sentido similar, la irrupción del neoliberalismo supuso una disminución de fondos procedentes de las arcas públicas hacia los museos. Este hecho hace que pase a demandarse cada vez más un profesional que gestione el museo como una empresa de servicios y que aplique una mayor interdisciplinariedad en los métodos empleados. Ahora priman los métodos de gestión empresarial en el museo y los planes estratégicos y de marketing. Esta rentabilidad se mide con el público. De ahí la importancia de los estudios de publico en el estadio actual del museo. Actualmente los estudios de público y otras políticas de marketing están cada vez más presentes. Cada vez más los museos optan por espectaculares exposiciones temporales, que tendrán una mayor atracción pública, como forma de atraer patrocinadores e ingresos. Y por eso, no solo se investiga el público, también se investigan los potenciales patrocinadores mediante estudios de mercado.
La proliferación de museos privados, fundaciones y museos con un estatuto más independiente es una muestra de como el tradicional concepto de museo público esta cambiando, como consecuencia de la disminución de los fondos públicos . Éstos tienen más libertad a la hora de conseguir sus propias formas de financiación. También cuentan con más libertad organizativa y para poner los medios que crean necesarios para conseguir sus objetivos. Es muchos casos, es en este tipo de museos donde los estudios de público son tenidos más en cuenta, debido sobre todo a su mayor necesidad de buscar nuevas fuentes de financiación.


           
            Podemos calificar actualmente la museología como ciencia prospectiva ya que puede cambiar sus objetivos e interrelaciones para responder a los cambios que se produzcan en la demanda y las nuevas y cambiantes preocupaciones sociales.
No obstante, en la actualidad no existe un consenso absoluto respecto a la necesidad de los estudios de público. La museología postmoderna, por ejemplo, rechaza cualquier tipo de investigación previa. Prefiere que sea el público quien estructure el conocimiento, sin que se le condicione a través de los diferentes discursos expositivos empleados actualmente. Habrá que esperar para ver como esta postura afecta a la construcción del discurso en los museos. Lo que parece claro es que con su actitud tan radical, no se impondrá, aunque si puede hacer que se replanteen los discursos empleados actualmente.

Para concluir, intentemos avanzar la evolución del museo unas décadas. Siguiendo con la tendencia actual en la evolución del museo, existe el peligro, que el creciente peso de los estudios de público, junto con el modelo de gestión empresarial, provoque que el museo se convirtiera en un parque temático. Hemos visto como la difusión tiene un papel determinante en la investigación. Cabe la posibilidad de que el hecho de querer hacer exposiciones más atractivas para el público, haga olvidar el principio que todo discurso comunicativo en el museo ha de tener carácter científico y cultural. Ha de educar de una forma comprensible, pero nunca obviando los resultados de la investigación. El público que acude al museo ha de disfrutar de los contenidos, pero comprendiéndolos y aumentando sus conocimientos. No podemos olvidarnos nunca del contenido de la exposición en pos de la espectacularidad y el disfrute del público. Otro peligro en este sentido es la excesiva interactividad que podemos observar en muchos museos actualmente. En mi opinión, las piezas, si bien deben entenderse como una forma de conocimiento lo más ameno posible, no pueden formar parte de lo que parece más una atracción de feria.